domingo, 26 de octubre de 2008

Italia, de la Toscana al Véneto (y cuarta parte)

Nada más llegar, se nos muestra Pisa, ciudad amable de colores pastel hecha a medida del caminante o las bicicletas. Tan apenas se ven  coches  por el centro  y los pocos que vemos lo hacen transitando a poca velocidad. Hemos pasado por una calle porticada (Oberdan) y llegamos a la plaza “dei Cabalieri”, la escuela normal es un edificio con una fachada muy llamativa por sus pinturas de más de trescientos años y el Palacio de l’Orlogio. 


Poco después, al doblar una esquina aparece la torre, seguimos y ya vemos también el Duomo y el Baptisterio: estamos en el “Campo dei Miracoli”. La visión del conjunto corta la respiración, mármol blanco sobre un tapiz verde de césped. Un gentío infinito teje un manto multicolor complementario que se introduce por cada resquicio. Chiringuitos de torres inclinadas, vendedores ambulantes empeñados en venderle a uno un Omega por 15 euros,…

Visitamos el Baptisterio, el Campo Santo y la Catedral. No quedaban horas para la torre. Con permiso de ésta diré que la catedral destaca sobre el resto. Todo es mármol blanco que alterna con el negro en los arcos recordando éstos a los de la Mezquita de Córdoba. Sobre el lujo marmóreo el Pantocrator es visible desde todos los sitios. Todo el interior es monumental como era de esperar.




¿Dónde cenar?: pizzería l’Arancio, cerca de Garibaldi. Nuestra recomendación: pizza pisana: blanca, con jamón serrano, queso curado en láminas finas y rúcula fresca, todo aliñado con vinagre de Módena. ¡Exquisita!.

Botega dei gelati, en plaza Garibaldi: helados nocturnos en el sitio de más marcha de Pisa a orillas del Arno. 




Esperando zarpar en Livorno

1 comentario:

Senén dijo...

que hermosura de paisajes loco, no puedo dejar de conocer la tierra de mi abuelo - en los papeles tambien mia -antes de irme de las uropas.