El individuo improbable, casi imposible.
Cuando nos bañamos en un río, o aspiramos la frescura de un bosque; al ver salir el sol o la luna o el paso de las estaciones, nos surge la pregunta de dónde ha salido todo esto (*); bueno, Descartes primero resolvió el asunto de si realmente existía y decidió que sí. Las cosmovisiones más primitivas encuentran respuestas simples, magia, dioses o espíritus. Cuando analizamos esta realidad sobre la base de observaciones objetivas (**), vamos obteniendo magnitudes que superan nuestra percepción intuitiva. Distancias inimaginables nos separan de otras estrellas y no digamos de las galaxias, incluso la más cercana. Cuando miramos hacia atrás en el tiempo nos ocurre lo mismo. La tierra nació hace 4 millones y medio de años: tampoco somos capaces de entender estas magnitudes desde nuestro pequeño recorrido humano, 70 u 80 años (***). La teoría de la evolución de las especies se basa en fenómenos (mutaciones) improbables que necesitan de centenares de miles de años para poder justificarse....









