Levántate y anda
Se entreabrió la puerta y se asomó pidiendo permiso antes de entrar; lo reconocí de inmediato. Por suerte, él a mí no. Recordé su postura contenida, de recogimiento, como quien va a empezar a rezar. Su neurosis obsesiva se había desbordado de tal manera que requirió ingreso en la planta de psiquiatría donde yo rotaba en mi segundo año de residencia. Continuaba con sus gafas ligeramente oscuras, marrones, de montura metálica, fina, apenas visible por fuera de los cristales. Con pasos lentos, leves, atravesó la consulta hasta llegar a mi mesa. En su mano derecha llevaba un montón de cartones. Buenos días, ¿qué necesita? Vengo a por las recetas para mi madre. Dejó todos los cartones sobre la mesa. Era una auténtica baraja que me dejó sin aliento. ¿Cómo una persona puede tomarse todo esto?, pensé. Cuénteme cómo está su madre. La pobre lleva unos años muy débil; no puede levantarse de la cama. La han visitado muchos médicos, está enferma del corazón, tiene muchos dolores, no duerme po...






