sábado, 17 de mayo de 2008

Syrinx

Hay un lugar llamado Arcadia, tierra fértil de amplias llanuras mezcladas con bosques y montes, conocido a través de los tiempos como el mejor para la felicidad y la tranquilidad. Allí habitaban las ninfas, jóvenes y hermosas doncellas, amantes de la música y de la danza. En alguna de sus correrías libidinosas el dios Pan, horrible fauno de patas y cuernos de macho cabrio, avistó a una de ellas llamada Syrinx. Ésta había consagrado su virginidad a la diosa Artemisa a la cual imitaba cazando en los bosques con su arco. Acosada por el dios de patas de chivo, la ninfa se lanzó a la fuga y viéndose acorralada junto al río gritó pidiendo auxilio a su padre, que era Ladón, es decir, el propio río en cuyas márgenes de hallaban. Para burlar al barbudo miembro del cortejo de Dionisios, el río convirtió a su hija en una planta de carrizos. De esta forma Pan se encontró, sin saber cómo, abrazado a unas cañas. Decepcionado, su carácter era proverbialmente horrible, cortó con furia las cañas y, ya más calmado, tomó varias y soplando en ellas descubrió el sonido más bello. Construyó una flauta cuyo sonido resultó embelesador y le acompañó toda la vida (bastante licenciosa, por cierto).

Después de aproximadamente siete años con desigual dedicación a la flauta travesera el año pasado mi profesora me trajo la partitura de Syrinx de Claude Debussy. Para mí fue un regalo mágico que abrió mis oídos a unos sonidos inéditos hasta ese momento. Tras arduas peleas la pieza fue tomando forma (lejos del sonido profesional que escuchamos en las grabaciones, por descontado) y se me abrió el amplio mundo del repertorio de flauta.

Syrinx es una pieza musical para flauta solista (y sola ya que no se acompaña de ningún otro instrumento) escrita por Claude Debussy en noviembre de 1913 e interpretada por primera vez el 1 de diciembre de 1913 por Louis Fleury en la casa de Louis Mors en París. Está considerada como una de las piezas fundamentales e indispensables en el repertorio de un flautista dando al intérprete una gran libertad en cuanto a la interpretación y a la emoción y los sentimientos. Fue un punto de inflexión en el desarrollo de los solos para flauta a principios del siglo XX. Originalmente, Debussy escribió Syrinx sin barras de compás ni marcas de respiración. Más tarde, el flautista Marcel Moyse las añadió y actualmente la mayoría de publicaciones muestran la edición de Moyse. Tiene una duración de unos tres minutos.
Syrinx fue escrita como música de escena para la obra incompleta Psyché del escritor francés Gabriel Mourey. Concretamente, para acompañar la muerte de Pan. Syrinx estaba pensada para tocarse fuera del escenario durante la obra. Según el libreto Syrinx representa la última canción de Pan antes de morir:

Acto III, escena 1: Cueva de Pan. A través de una abertura puede verse un claro del bosque. Un arroyo fluye hacia un pequeño lago que se encuentra por delante de unas grandes rocas. A la luz de la luna hermosas ninfas vestidas de blanco están bailando, algunas de ellas cogen flores o se hallan tendidas a la orilla del agua. Todas ellas paran a la vez y escuchan con admiración a “Syrinx” tocada por un invisible Pan.

Gabriel Mourey le dijo a Debussy que Syrinx era "una verdadera joya de sentimiento y emoción contenida, tristeza, belleza plástica y discreta ternura y poesía".


Pintura de Jean François de Troy