domingo, 12 de noviembre de 2017

Y me dejo acariciar por la música

La música en ocasiones te acompaña, en otras te acaricia, o te inunda, o te agita en lo más hondo. Te hace feliz, te lleva de viaje por tu interior. Puede mover tu cuerpo o relajarlo en el sillón. Cuando la llamas siempre acude a tu rescate.
Hoy leo una entrevista en la que Silvia Pérez Cruz dice que escucha poca música porque le provoca torbellinos de emociones que le afectan profundamente sus sentimientos.
Esa voz cristalina que parece a punto de quebrarse solo puede ser Silvia

jueves, 2 de noviembre de 2017

Camino de Santiago. Septiembre 2017

Vivir el Camino de Santiago es fácil, sólo has de seguir la flecha amarilla. No has de tomar decisiones complejas o dolorosas, solo caminar y sentir.
Vives al dia porque el futuro no cabe en tu mochila.



"... resulta inutil enfrentarse a un problema emotivo en términos de razón,... sólo el presuntamente ilógico inconsciente sabe encontrar una respuesta adecuada"
L. Etxebarria

Podemos contar los motivos de peregrinar por el número de peregrinos que cada día discurren por el camino de Santiago. Turismo, gastronomia, reto físico, amistad y por supuesto religiosidad y fe. Yo me encontraba entre los que necesitaban mirarse por dentro y calmar algunas heridas recientes. Necesitaba más sentir con el corazón que pensar con la cabeza. Sólo tenia que reconstruir el resto de mi vida!
La dinámica del camino ayuda a este ejercicio de introspección. Empezábamos a caminar cada dia a las 8 con las primeras luces de la mañana y con el ritmo que nos marcaban las piernas avanzabamos hasta el medio día y allí donde nos cansabamos parábamos en el albergue que encontrábamos. Tras una frugal comida hacíamos la siesta y por la tarde el cansacio te provocaba un ritmo reposado que cubría la tarde como una balsa de aceite. Comprabamos lo justo para la cena y el desayuno. Nada para la mochila salvo escasos tentempeies.
Un dia paramos en el Acebo, antes de Ponferrada y hicimos noche en el albergue parroquial. El hospitalero voluntario, Pedro, creaba un ambiente de grupo que nos hacía implicar a todos en la preparación de la cena que luego fue conjunta de los 23 peregrinos que estábamos alojados esa noche. Fue casi mágico el ambiente de amistad global (un japonés, uno de Alcoi que hacia el camino alrevés, un restaurador italiano, el holandés, franceses, más italianas,... personas con las que coincidimos con frecuencia en el camino hacia Santiago a pesar de los diferentes rímos de cada uno.
A partir de ese momento intentábamos buscar albergues pequeños y con cena en común y algúno encontramos. Recuerdo el de "Das Animas" en Ambasmestas, donde decidimos partir por la mitad la etapa de O Cebreiro. Un ambiente casi íntimo con un servicio muy cercano y atento por parte de Sabin y Ulrich.

La cruz de ferro
Dejé un coral blanco del Pacífico en recuerdo de un paciente que me lo regaló antes de morir. Lo hice en memoria de todos los casos en los que me ha tocado acompañar a personas en su tránsito.
Dejé una piedra de Sant Pol seguro de mi decisión de iniciar un nuevo proyecto personal
Dejé otras dos piedras que dolieron más una era de Arenys y otra de Llançà

Amo el amor que se reparte
en besos, lecho y pan

Amor que puede ser eterno
y puede ser fugaz

Amor divinizado que se acerca,
Amor divinizado que se va.

Pablo Neruda

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Elk camino te obliga a vivir al dia. No puedes comprar comida para dos dias porque la tienes que llevar encima y no te cabe en la mochila. Por eso piensas en lo que necesitarás hoy y, como máximo, el desayuno de mañana

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La cadencia regular del caminar va entrando en tu interior desocupándolo de preocupaciones. El cansancio a yuda a que la tarde sea relajada y puedes meditar o simplememte dejar la mente en blanco.
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La vida te romperá el alma.
Pero resurgirás del tiempo,
Ganarás la batalla.
No habrá vencedores ni vencidos,
tan solo fantasmas.
Encontrado en twiter

"Es difícil que alguien te rrompa el corazón.
Casi siempre eres tú quien lo rompe
minetras tratas de meterlo a la fueza
donde bien sabes que no cabe"
Alejandroi Jodorowsky

Cuanto más aptos somos
para hacer consciente el
incosciente, más grande es
la cantidad de vida que
integramos
C Jung
(pegado en la nevera del albergue)

Y te dejé marchar


He soñado con tus manos
pintando el cielo gris
con cuidado, muy despacio
Yo mirando desde aquí
En un jardín de lagrimas, lagrimas por ti.

Hemos vivido una isla
Tanto tiempo flotando sobre el mar.
Yo te he visto, jugando con las olas
Y la arena acariciar
Yo sabía que te quería
Y te deje marchar

Yo te deje marchar,
Yo te deje marchar
Después de la última noche
Yo te deje marchar.

Soy un hombre, mi corazón se está
Desangrando
Por la ternura que se fue, la que lo mato.
Mi pelo sopla al viento
Yo canto fuerte, y lento
Canto sobre tus noches, canto sobre el sabor
De la sal en tu piel

Pero te deje marchar
Y las olas no te traerán aquí
Pero yo te esperare, en la orilla
Aunque tú no volverás jamás.

Luz Casal

martes, 23 de mayo de 2017

El baile

Nuestros cuerpos adolescentes se movían al ritmo de la orquesta en la plaza del pueblo en fiestas. Se llamaba AnaMaria y era mi tercer amor encadenado del verano, aunque ella no supiera que era la tercera ni que yo estaba perdidamente enamorado. El frescor de la noche apagaba el fuego de finales de julio y se adueñaba de la plaza, engalanada con luces y banderines. La orquesta desde un escenario algo elevado desgranaba los éxitos del momento sin solución de continuidad con temas que ya bailaban nuestros abuelos. Los efímeros roces de nuestros cuerpos desprendían chispas de pasión que en aquella época difícilmente acababan más allá del vigilado recinto donde se hacía el baile. Ensayos de conversaciones, algún intento frustrado de beso robado, risas y pavoneos. Cuando la canción acababa, espera nerviosa hasta la siguiente en la que de nuevo, ¿bailas?, y según la suerte continuaba la magia o habías de recomponer la figura para adaptarte a una nueva situación, otra chica de la que todavía no estabas enamorado.

Desde mi crónica timidez recuerdo aquellos bailes con una mezcla de desasosiego y emoción teñida del color de la nostalgia. Era el despertar del fin de mi infancia en que se abría la puerta al vacío de la edad adulta de la que aún me separaba el complejo tránsito adolescente.

Las fiestas eran el único hito de aquellos veranos interminables en que calurosos días se sucedían sin solución de continuidad. Labores agrícolas en medio de páramos de cereal dorado que se había de cosechar sin una sombra en kilómetros a la redonda. Y cuando la tarde decaía nos reuníamos los amigos en un banco cercano al de las chicas y hablábamos y gamberreábamos. En ocasiones ya bebíamos nuestras primeras “ámbar” en la taberna o en el café de la plaza. Amistad sin condiciones ni pretensiones. Imaginad, pues, lo que suponía la llegada de la fiesta a Santiago y Santa Ana, un complejo programa ¡baile y vacas! Ah! olvidaba la misa al santo patrón en la que la iglesia se llenaba como en todo el año. Esta ocasión era aprovechada por el párroco para abroncar a todos aquellos que solo pisaban el templo en tan señalado día.

Y el verano felizmente improductivo languidecía hacia septiembre y los que estudiábamos en Zaragoza hacíamos nuestras maletas para desaparecer. La luz radiante se tornaba gris en aquel colegio solo de chicos, pero eso ya es otra historia.

martes, 16 de mayo de 2017

Ferroviarias (imágenes)

Me gusta viajar en tren.

Lo hago un día a la semana desde que cambié de trabajo.

El tren mantiene la esencia y las sensaciones desde que las primeras locomotoras de vapor comenzaron a rodar sobre unos raíles. Hay más electrónica, más hidráulica, son eléctricos en su mayoría pero cuando subes percibes el olor a carbonilla, ya que, a menudo, las vías se sustentan en traviesas de madera, y el traqueteo en los cambios de aguja y en esos tramos necesitados de algo más de mantenimiento. Es cierto que la alta velocidad, tan perfecta ella, te hace olvidar que vas en tren; pero los cercanías son garantes de la esencia ferroviaria.


He de llegar con tiempo, es la única condición que pongo para disfrutar de un viaje en tren, porque las estaciones siempre me resultan inhóspitas y cuando llego a ellas se me agudiza la intranquilidad de la hora y de sacar billete. Aunque se trate de un viaje cotidiano nunca dejo atrás un cierto desasosiego hasta que me hallo sentado en el vagón.





Desde hace un tiempo el Maresme tiene tren directo a Girona; es un cercanías con aspiraciones porque supera en mucho la distancia que habitualmente tienen estas líneas. Hasta Malgrat el tren transita literalmente por la playa. Abandonas la sensación de ir en barco cuando se interna hacia la estación de Blanes y a partir de allí discurre por la campiña (casi inglesa), entre bosques y campos verdes, casas de payés, caminos y senderos. A la vez que se aleja del bullicio turístico de la costa el tren también se torna más tranquilo, conversaciones quedas entre personas endormiscadas, asientos azules y lectura. Quizás se encuentra a faltar una mayor interacción entre viajeros, no en vano son trayectos cortos de gente ocupada y casi siempre con la vista en el móvil.

El frescor de la mañana en la cara al salir a la calle estimula el paseo por las calles de Girona, al encender el ordenador nadie adivina mi viaje matinal.

domingo, 23 de abril de 2017

Decíamos ayer

Vuelvo al remanso del blog, centrifugado por la inmediatez y fugacidad de las redes sociales.
En este tiempo muchas cosas han pasado y pasan. Cambios vitales en el discurrir diario y, para retomar este espaco, sólo una primera cosa... recuerdo aquella mañana soleada de noviembre con el viento en calma, en la playa de Arenys

LAIA