miércoles, 25 de enero de 2012

Cuánta caspa Dios mio!

Se trata de ellas, Ana y Esperanza; Esperanza y Ana. Monta tanto, tanto monta. En los noticiarios casi sólo se ha hablado de sus iguales vestimentas incluidas botas y peinados.


Era tan abrumador el cúmulo de detalles que desgranaban en la televisión que casi ni te enterabas de que están muy a favor de un super macro mega casino que como creará nosécuantos puestos de trabajo y aportará nosecuantosyparaquienes millones de euros pues que no pasa nada si se ha de crear una especie de isla legislativa en el centro de la España una e indivisible (salvo por la pasta). En este espacio no habrá que pagar a la seguridad social, ni serán válidos los convenios colectivos. Tampoco valdrá la ley de extranjeria, no se pagarán impuestos y el gobierno autónomo avalará un megapréstamo. Por supuesto que al casino podrán entrar niños y ludópatas (no sé si el ludópata es niño si también podrá hacerlo) y se podrá blanquear dinero.
Menos mal que Aguirre ha puesto una línea roja: sus principios y valores...
Lo primero que he hecho al ver la notícia ha sido mirar la fecha y ¡no!, ¡no era el 28 de diciembre! De los nervios casi me pongo a fumar después de tantos años, total si recaigo siempre podré ir a echarme unos pitillos en el megacasino ya que será también una isla de humo, el único espacio público español donde se podrá fumar.
¡Cuánta caspa, Dios mio!

lunes, 23 de enero de 2012

El patrimonio somos las personas

Cuando se habla sobre los peligros de nuestro patrimonio histórico prevalece un discurso sobre lo material: casas, iglesias, esculturas, pinturas... en fin monumentos en general. Otro aspecto sobre el que cada vez se hace más hincapié es el del patrimonio inmaterial que engloba todos los usos y costumbres de las personas y comunidades que dieron lugar al patrimonio material. Los estudiosos analizan aquellas sociedades a través de sus fiestas, folclore y estructuras socio-culturales.

En la actualidad existen organismos oficiales y entidades sociales que trabajan en el mantenimiento de nuestro patrimonio. Y es aquí donde surge mi reflexión:
El auténtico patrimonio de una comunidad son las personas que la forman y la auténtica riqueza es la de los valores y la convivencia.
No sirve de mucho defender un monumento montando una casi guerra civil entre dos “sensibilidades” distintas. Como ha pasado en mi pueblo en los últimos tiempos con diferentes asuntos: paseo marítimo, antiguas escuelas o una barandilla de hace 50 años. Todo ello aderezado por unos grupos políticos municipales incapaces de dialogar y ya no digamos de promover el diálogo y la concordia entre los ciudadanos.

Esta misma reflexión vale para las asociaciones cuyo principal patrimonio siempre serán las gentes que la forman. Esto por dos motivos que me resultan obvios: personas capaces y en sintonía tendrán grandes sueños que harán realidad; por el contrario muchos logros patrimoniales no servirán de nada ni serán duraderos si el grupo se rompe o se diluye. Y como la convivencia es frágil y se desgasta hemos de acordarnos de cuidarla y restaurarla como hacemos con una vela o una máquina o un remo o… el problema es que es más difícil y se nos olvida. Habríamos de ponerlo en nuestros organigramas y trabajarlo a diario.

Como ya habrás adivinado, astuto lector, todo esto lo hablo en general y no me refiero a ningún hecho real que esté pasando ahora en mi entorno.

 
Naufragio. William Clackson

sábado, 21 de enero de 2012

¿Te gusta navegar?

Quizás no sea el mejor momento de hablar de cruceros pero dejadme que os diga que incluso para los de tierra adentro la experiencia de viajar en barco es maravillosa.
Hay para todos los gustos, por ejemplo de nuestro viaje a Italia hace 4 años el recuerdo que sigue en mi memoria es el del viaje en el Grimaldi Barcelona a Livorno y la vuelta: 24 horas de paz acunados por el leve balanceo del barco. Si alguien encuentra a faltar algo más de marcha puede elegir un crucero de esos que no te dejan parar en todo el día con músicas, gimnasia, baile, cenas...
Pero dejadme que os hable de otra posibilidad más... de verdad: viajar a vela. Para ello no conozco nada mejor que el Cyrano: bergantín con puerto base en Tarragona que hace desde bautizos de mar hasta travesías más largas en las que el viajero deja de ser turista para integrarse en la vida marinera y participar en las guardias, maniobra... una experiencia única.


Información en SEA-STARS

jueves, 12 de enero de 2012

Sinfonía en Re Mayor

Si alguien nos dice que la sinfonía número 1 (Titán) de Mahler está escrita en Re Mayor lo asumiremos con la mayor naturalidad aunque la mayoría de nosotros nos quedaremos in albis con lo de Re y más aún con lo de Mayor.

Me gustaría compartir una de las pocas cosas que me quedó de mis estudios de la solfa, se trata de la tonalidad de una pieza musical. En nuestro caso está en, digamos de momento, RE. El autor ha hecho el entramado musical para que el sonido óptimo se obtenga en esta tonalidad que habitualmente empezará en re y casi seguro que acabará en re (en música las cosas no son como empiezan sino como acaban).

Vayamos ahora a por lo de MAYOR. Para empezar decir que la escala que todo el mundo se sabe (do, re, mi, fa, sol, la, si, do) es la escala de do mayor. Si nos ponemos ante un piano todo serían teclas blancas. Los temas escritos en mayor suenan alegres y brillantes. ¿Cómo hacer la escala de Re Mayor?: en lugar de empezar por el do lo hacemos por el Re. Si intentamos hacer como antes y tocar solo teclas blancas hasta el siguiente Re comprobamos que la cosa suena diferente...
Para que nos suene igual que la de do tendremos que cambiar dos teclas blancas (fa y do) por la negra correspondiente de su lado derecho: el #fa y el #do (lo de # quiere decir sostenido). Así pues la escala de Re Mayor es re, mi, #fa, sol, la, si, #do, re. Ahora sí que suena igual a la de do mayor.

Lo que más me atrae de esta sinfonía en Re Mayor es su tercer movimiento que, ojo al parche, está en Re menor.

Las tonalidades menores suenan melancólicas y tristes. La más fácil es la de La menor: con el piano de antes empecemos en el la y sigamos hasta el siguiente la por las teclas blancas: es la escala de la menor (la, si, do, re, mi, fa, sol, la).
¿Como hacer la escala de Re menor? Comenzaremos por el re y tocaremos teclas blancas hasta el siguiente re con la precaución de substituir el si por la tecla blanca de su izquierda, ya que en este caso es un bemol. Así la escala de Re menor queda: re, mi, fa, sol, la, Ьsi, do, re.

Lo realmente asombroso es que en este tercer movimiento Mahler toma una canción alegre, en tonalidad mayor: Frère Jacques y al cambiarla a tonlidad menor la transforma en una ¡¡¡marcha fúnebre!!! A ver si os alucina como a mí. Y hablando de alucinar la del oboe está impresionante en su interpretación




Por cierto me sumo a los múltiples homenajes y recuerdos a Gustav Mahler que hemos vivido a lo largo de 2011 al cumplirse el centenario de su muerte.

jueves, 5 de enero de 2012

Cerveza en casa

Ahora todo está en las tiendas. Si quieres pajaricos no vayas al campo, ves a la tienda.
Se expresaba con la contundencia del saber aprendido con lo años, graduado tras la barra de su bar desde que lo conocí. Recordé esta sabia reflexión el otro día empujando el carrito por los pasillos del súper mientras alargaba la mano para coger un paquete de harina. El hilo de mis pensamientos, que discurría siguiendo las estanterías multicolores a rebosar de productos, llegó por fin a una conclusión: si por cualquier motivo (esperemos que no sea la crisis) nos cerraran las tiendas la mayoría de la población, entre la que me incluyo, moriría de hambre.

A diferencia de nuestros padres o abuelos: ellos sí que saldrían adelante echando mano de un sinfín de recursos que aprendieron desde niños. Eran los tiempos de economías de subsistencia y no del actual deshago, en los que una vasta cultura amasada desde que el hombre es hombre permitía hacer cestas con mimbre, o conservar un albaricoque secándolo, o hacer embutidos de un cerdo, o una conserva de tomate, o mermeladas, o hacer pan o vino... cultivaban la tierra sin necesidad de pesticidas y pescaban con la ayuda del viento y de sus brazos. A aquello que era su día a día ahora lo re-descubrimos y decimos que es la actividad sostenible.

Lo cierto es que el torbellino del progreso ha barrido en apenas una generación todo lo que aprendimosdurante miles de años. Ahora, ni los navegantes más avezados dotados de radar y gps sabrían pescar con el aparejo del bou: una red que se arrastraba entre dos barcas de vela latina y que si no iba en la orientación correcta no pescaba. Y quién sabría trabajar la tierra con la ayuda de una mula y trillar la mies en una era. ¿Sabríamos moler el trigo con la fuerza del agua del río? ¿Quién de nosotros sabe hacer vino?.

No hablemos de esos casos extremos, bastante frecuentes, de personas que no saben ni hacerse una tortilla. Lo cierto es que hemos delegado todas estas tareas a las fábricas y mercados.

Y todo esto para llegar al hecho de que en casa me ha salido un maestro cervecero, es mi hijo que ha elaborado su primera cerveza en casa. Ha sido con la ayuda inestimable de Joan, un erudito y amante de este precioso líquido.

Una última reflexión, los productos que compramos los valoramos por su precio, en cambio el valor de lo que hacemos nosotros lo podríamos medir en nuestro tiempo y dedicación, en definitiva que un producto artesanal lleva algo de nosotros mismos en su interior. Si comparas el valor de uno y otro... no hay color y en este caso no hay sabor...

miércoles, 4 de enero de 2012

El extraño caso del cajón de la mesilla.

¿Existen duendes con afinidad por las mesillas?, ¿tengo arrebatos nocturnos en los que la tomo con mi pobre cajón de la mesilla?, ¿los constructores de cajones de mesilla son una secta secreta que han logrado un efecto deslizante-rotatorio en el interior?, ¿tengo algún enemigo que soborna a miembros de mi familia para que me revuelvan el cajón de la mesilla y no otros cajones? o ¿acaso las mesillas tienen actividad sísmica nocturna?...

Todas estas cuestiones bullen en mi interior desde hace tiempo al no encontrar una causa clara de que una persona ordenada como yo tenga un cajón de la mesilla como este.