lunes, 11 de diciembre de 2017

De mi patrimonio inmaterial, sopas hervidas

Resulta que el otro día me entero, hablando con mi madre y Fermina que estas sopas se han hecho en mi casa desde toda la vida. Y yo sin saberlo, resulta que mientras las comían los abuelos a nosotros nos daban cosas más nutritivas y modernas…

Apunté como pude la receta que me describían a medias entre las dos. Hoy aprovechando mis últimos días de vacaciones voy a comerme un buen plato de este manjar. He encontrado la misma receta en el blog Chismes y Cacharros que es de donde he sacado las proporciones y alguna propina como el pimentón y el huevo (este último opcional en mi casa). Se les llama hervidas porque todo se pone junto a cocer, a diferencia de las de ajo en las que primero se fríe con el pan para después añadir el agua o caldo.

Antiguamente se hacían en pucheros de barro pero, dado que no tengo cocina de leña, he utilizado una cacerola plana intentando hacer una cocción muy lenta que no ha pasado de la media hora (a diferencia de las 2 horas de rigor tradicionales). Otra alternativa es la sartén. Lo que perdemos con la “rapidez” es la costra que se hacía en el puchero y que debía de ser muy rica.

Es una receta ideal para usar el pan duro que nos ha quedado de días anteriores, cuanto más duro mejor.

Ingredientes (para 2 -3 personas).
  • un poco menos de 1/2 pan de hogaza duro
  • 1 cucharada de pimentón dulce (o picante según gustos)
  • 4 dientes de ajo
  • aceite
  • sal
  • 4 vasos de agua
  • 1 huevo

Se hace el pan a rodajas finas no muy gruesas.
Se majan en el mortero los ajos pelados y añadimos el pimentón y el aceite (un poco más de la mitad) y se remueve.
Se pone la cazuela o la sartén al fuego con dos vasos de agua y cuando comience a hervir añadimos las rebanadas de pan, sal y el majado del mortero, el agua que nos queda lo echamos en el mortero y seguidamente en la sartén, removemos bien. Bajamos el fuego y dejamos cocer unos 15 a 20 minutos removiendo alguna vez.
Pasado el tiempo echamos el huevo a las sopas y removemos hasta que cuaje.
No me he podido resistir a añadir algo de comino y cúrcuma. Son mis debilidades.

Son estos platos con los que nos hemos de comprometer para mantener el patrimonio inmaterial. He de decir que de mi casa tengo algunos logros de conservación: las migas de mi abuela, las farinetas de maíz, los huevos tontos, el pastel de liebre de mi madre. Y ahora a las sopas de ajo añado estas sopas hervidas que están exquisitas.


Antes de añadir el huevo

viernes, 8 de diciembre de 2017

23 momentos

No soy fan de los libros de autoayuda aunque en uno de Albert Espinosa he encontrado algunas cosas de valor, entre ellas la sugerencia de buscar veintitrés momentos especiales en tu vida.

Y me he puesto a recordar…

Verano, en el coche, ventanillas bajadas, en las curvas el sonido de las vallas de la carretera que estaban hechas de obra.

---oOo---

Pan con chocolate para merendar. Y una vez, no tenía más de seis años, en casa de Conchita me dieron una sopeta (rebanada de pan con buen chorreón de vino tinto del porrón y azúcar), aquel día aluciné porque en casa, por motivos obvios, jamás me habían dado semejante manjar.

---oOo---

Siesta de verano, habitación medio en penumbra, se cuelan algunos rayos de la luz entre las contraventanas. En la calle, sobre un fondo de silencio caluroso, se oyen voces esporádicas a lo lejos y algún ladrido.

---oOo---

La campana se tocaba tirando de la cuerda que llegaba hasta el lado derecho de la puerta de entrada a la iglesia. Pero en las grandes ocasiones había que subir al campanario para bandear la campana grande en las fiestas o para tocar a difuntos (mi preferido) utilizando también las dos llantas de camión que hacían de campanas pequeñas. Ting………Tang……..Doooooongggggg.

---oOo---




Los domingos, al salir de Misa, mis padres me daban una peseta y corría con mis amigos a la cafetería del pueblo a comprar un chicle Bazooka que duraba toda la semana.

---oOo---
No puedo describir aquella pequeña tienda del pueblo, tampoco recuerdo como se llamaba la señora mayor que nos vendía los lápices, gomas Milan y plumillas. Lo que sí recuerdo es su olor, mezcla de detergente a granel, legumbres, papelería, y que sé yo la de cosas diferentes que se despachaban en los “ultramarinos”. Y sé que lo recuerdo porque hace unos años, recorriendo Asturias en bicicleta, entré en un bar/teléfono público/almacén/… de un pueblín y el olor me llevó de vuelta a aquella tienda de mi infancia.

---oOo---
La marcha empieza temprano cuando el objetivo es un tres mil. Siempre hacia arriba, la subida se empina en el tramo final hasta que los muslos casi te chocan con el ombligo a cada paso y la respiración te empieza a faltar. La cima es una suma de cansancio, satisfacción y emoción de la meta conseguida.

---oOo---
Tarde de invierno en el camino a los baños, paseamos de la mano entre hayas y abetos y comienza a nevar, copos enormes oscilando suavemente en su caída, luz tenue, el silencio domina el bosque en el valle de Benasque.

---oOo---
Los nuevos tiempos trajeron el pavimentado del pueblo (Mediana de Aragón). Se habían acabado los terribles barrizales que se organizaban cuando se mojaban las calles. Tras la primera lluvia el desagradable baf “amargo” del asfalto húmedo me enseñó cómo me gustaba el olor de la tierra mojada.

---oOo---
Acabó el mes de trabajos en las iglesias de la Fueva. El párroco de Tierrantona nos consiguió de su colega de Benasque alojamiento para una noche. Al bajar del autobús el aire frío de aquella tarde de finales de julio acarició mis fosas nasales con la primera respiración. Siempre que vuelvo a la montaña y aspiro ese frescor especial recuerdo aquella tarde de Benasque, sé que estoy en el Pirineo.

---oOo---
Nervios en medio de ese malestar impreciso que acompaña a las madrugadas. Ambiente frio y aséptico en el hospital. Dolor que no siendo mío también duele. Y entonces ocurre el milagro acompañado de llanto, el primer llanto. En ese mismo instante tu amor se desborda sobre tu hijo recién nacido.
---oOo---
Se han hecho mayores, comer con mis hijos y sentir sus penas y alegrías. Saberlos tan cerca, independientes pero no aun del todo. Conversación plácida, a veces no tanto, en la que sabemos que nos queremos. Cuando se van queda flotando la calidez de nuestra relación y la frescura de su juventud.

---oOo---
Os conocéis aunque no llegáis a la categoría de amigos. Ha venido por un problema que le preocupa, levanta la cabeza, te mira y se olvida por un momento del motivo que le ha traído y te pregunta, ¿estás bien?, al verte más delgado pensé que te pasaba algo.
Siento un profundo agradecimiento y la agradable sensación de que alguien se preocupa por mí

---oOo---
En el aséptico clima del quirófano, pijama, bata, gorro, todo es verde. Mascarilla, guantes estériles, campo quirúrgico pintado y delimitado por las tallas. Cuando todo acaba y se da el último punto de cierre se rociaba la herida con Nobecutan y el ambiente quedaba saturado con el olor a pegamento

---oOo---
En aquella época al entrar de guardia en el centro de salud sabíamos que nos esperaban dos horas de consulta ininterrumpida, se notaba que faltaba un médico en plantilla. Apenas había hecho tres visitas cuando se presenta la emergencia: dolor torácico. Al llegar a la sala de urgencias Alfonso ya había hecho el electro: un infarto. Ponemos en marcha el protocolo y preparamos el flamante desfibrilador (DEA) que habíamos recibido hacia unos días. Al activar el SEM nos dicen que la unidad de la zona está ocupada y nos envían una ambulancia convencional. Y es entonces cuando al paciente se le paró el corazón. El mío dio un vuelco mientras conectábamos el DEA. La primera descarga devolvió la conciencia al paciente que se incorporó y ante nuestros ojos atónitos nos pidió un vaso de agua. Justo en ese instante entraban los sanitarios de la ambulancia que dieron un respingo al ver el lío y sin más dilación activaron el SEM de Mataró que finalmente trasladó al paciente al hospital. Estaba como un flan, no sé cómo pude acabar con la consulta que después de una hora todavía era más numerosa. Lo que sí recuerdo es que aquella noche la emoción no me dejó dormir, sin el DEA aquella persona habría muerto.

---oOo---
Moler pimienta es uno de los momentos que más me gustan mientras cocino. Pienso que el cocinero es el que realmente disfruta del aroma de esta especia tan maravillosa.

---oOo---
Un libro sobre los pequeños placeres de la vida se titula el primer trago de cerveza. Yo el trago al que me quiero referir ahora es el que tomo con amigos. Y es que esa bebida se transforma cuando la disfruto en compañía.

---oOo---
Abrazo largo dejándote llevar, sin prisa, ninguno de los dos necesita que se acabe. Un suspiro, un gemido.

---oOo---
Beso con piel. Los labios se rozan en un beso eterno a la vez que nuestras pieles se unen desnudas.

---oOo---
Tocar un instrumento es algo especial. Y los de viento tienen un alma muy personal. Monto la flauta, respiro hondo y relajado; cuando apoyo la embocadura noto su tacto frío en mis labios. La primera nota siempre vacilante; y entonces sientes cómo el sonido que viene de tu abdomen y pasa por la garganta se traduce en un Si precioso y cargado de todos los matices que es capaz de dar la travesera.

---oOo---
Te sabes en forma cuando subido en la bicicleta abordas la dura rampa en la que se ha convertido el camino. Y sientes tu respiración neta y profunda, mientras que las piernas empujan con fuerza los pedales y te fundes con el bosque que te rodea.

---oOo---
La playa en invierno fue un descubrimiento cuando vine a vivir a la costa. Nada más que una imagen.

---oOo---
Recojo el momento más reciente haciendo el Camino de Santiago. Cada día a las ocho ya estábamos caminando, una corta parada para un bocata a media mañana y la etapa la dábamos por completa allá donde llegábamos a medio día, o antes si nos lo decían nuestras piernas. El cansancio dejaba unas tardes de meditación espontánea en pueblos donde pocas cosas había para hacer a parte de un plácido aburrimiento.


Estos son los momentos que ha rescatado mi memoria. Seguro que es una lista dinámica que puede evolucionar con el tiempo y el acceso a mis recuerdos.

Si hay alguien al otro lado del ordenador te invito a que compartas conmigo algún momento de tu vida.

martes, 5 de diciembre de 2017

El retorno a Llançà


No ha sido la añoranza la que me ha llevado de nuevo a Llançà sino el deseo de normalizar paulatinamente mi vida. Iba a decir recuperar el control de mi vida pero resultaría pretencioso.

Dejémoslo pues en recuperar poco a poco esos pequeños detalles de normalidad que ya no provocan inquietud.

La idea apareció espontánea sin voluntad propia. Es curioso pero no soy persona de banderas ni otros símbolos grupales. Por ejemplo detesto el tener que llevar todos la misma camiseta en la banda o en el grupo de bicicleta. En cambio valoro mucho el significado de los símbolos personales. El ritual de regresar a Llançà supone el intento de desanudar un lazo que permita liberarme de una imagen escondida que todavía ahora me devuelve retazos de inquietud.

He llegado furtivamente hasta la playa
Siento el viento en la cara, duro y frío.
Aún así el sol del medio día invernal
calienta suavemente mi cuerpo.

Las terrazas del verano ya se retiraron
No se venden helados, no hay bañadores.
En la playa sólo una pareja a lo lejos,
caminando apretados y abrigados.

He coloreado con mi calma todos aquellos lugares
que no eran míos sino que fueron nuestros.
He tocado la arena de aquella cala
he recogido una concha de nácar y una piedra blanca.

Cierro los ojos y aspiro el aire frío,
mi corazón resiste los embates de
la añoranza que se diluye en el horizonte
de este mar inquieto de cariz quebrado.

Desando los pasos entre el azul y el verde,
entre las olas, las hojas y la arena;
entre las tardes de ayer y la mañana de hoy,
entre el deseo y la calma del que no espera.

Todo queda atrás en el retrovisor de la moto.
Renovar el alma, renovar la capacidad de amar,
Es ya mi presente en cada instante del día a día.
Es el camino de la vida siempre hacia adelante.


Solo queda en mi memoria cada minuto de aquellas semanas; cada minuto maravilloso, un capital que guardo en el corazón.

Acabo con unos versos llenos de esperanza que definen mis sentimientos presentes.

Amo el amor que se reparte
en besos, lecho y pan.
Amor que puede ser eterno
y que puede ser fugaz.
Amor que quiere libertarse
para volver a amar.
Amor divinizado que se acerca,
amor divinizado que se va.

P. Neruda.

domingo, 26 de noviembre de 2017

No voy a hablar de amor

La idea principal del curso Aprender a Amar de Daniel Gabarró es que el amor no es un sentimiento. Tampoco es un objeto que yo tengo porque me lo dan sino que es la capacidad propia de amar: si no tienes amor en tu interior nadie te lo puede dar. No debemos relacionarnos en base a los sentimientos porque estos cambian a lo largo del día. Si basamos el amor en nuestras emociones necesariamente nuestra relación irá mal. Tampoco se ha de confundir la intensidad del enamoramiento (brote psicótico) con la profundidad del amor.

El amor es una decisión, es la capacidad que yo tengo de querer tu máximo bien al margen de mis sentimientos.

Pero al principio ya he dicho que esto no iba de amor (recomiendo enfáticamente seguir el curso de Daniel Gabarró) sino que de lo que quiero hablar es precisamente de sentimientos y emociones.

El que el amor no sea un sentimiento no se contradice con el hecho de que se da en un contexto bañado por emociones que debemos escuchar, aprender a gestionar y ponerles nombre.

Ponerles nombre, identificarlas, saber cuál de ellas te hace sufrir cuando la relación se rompe. Al diseccionar la pena llegas a descubrir, en esas noches de insomnio, que el deseo sigue dolorosamente vivo. Deseo de compartir conversaciones, ratos de calma, el contacto de su piel. La ternura de la que eres capaz y que no te cabe en el corazón se queda huérfana. La añoranza tiñe hasta el último de tus pensamientos.

Sabes que es hora de cuidarte, de recuperar tus capacidades, rehacer tu vida. Conviertes a la soledad es tu aliada y sigues adelante, llevas contigo tus recuerdos cada vez menos dolorosos y que finalmente se convierten en un tesoro formado de las perlas preciosas de cada uno del los momentos que viviste con ella.

Me gustan las ganas de vivir que desbordan el texto de Sònia Moll Gamboa en Catorze.cat hablando del desamor.

“Adonar-te que el que més trobes a faltar és que es giri i es deixi abraçar per l'esquena. Assumir, sense retrets ni culpa, que vas fer justament tot el que sempre havies dit que no faries. Riure't dels teus manuals de supervivència previs a les catàstrofes, brindar per tu i per la teva poca traça. Pel teu desig desbordant de vida els dies que la mort s'entestava a sotjar-te darrere els vidres de casa.”

Te das cuenta de la pervivencia del deseo tras la pérdida. Es ahora cuando debemos cuidarnos, confiar en nuestras capacidades y madurez para recuperar nuestro amor interior

Este texto lo acompaña de la preciosa canción de Cèlia Pallí, I'll be fine



Para los que no dominen el inglés:

Verso 1
Acabo de tener uno de esos días que se desmoronan y me deprimen
y pensé que me podrías ayudar a animarme.
Pienso en ti de vez en cuando, a veces sonrío y a veces lloro sola a un recuerdo que se ha ido.
No te preocupes, estas no son lágrimas, mis ojos se hinchan cuando estoy aquí.
Ve, no llegues tarde, no dejes que ella se pregunte.

Coro 1
Entonces tú estás con alguien que te hace sentir como uno de esos hombres que es invencible.
Yo iré a casa esta noche, me serviré una copa de vino y me diré lo bonita que soy.
No me digas nada más y estaré bien. Estaré bien

Verso 2
Sí, lo sé, dije que no llamaría, solo pensé que sería bueno decir "Hola". ¿Cómo ha ido tu vida?
Oh, ya veo, ustedes tienen un cachorro. Claro, escuché que eres feliz.
Debo marchar pero puedes llamar si lo deseas.

Coro 2
Entonces tú estás con alguien que te hace sentir como uno de esos hombres que es invencible.
Yo iré a casa esta noche, me serviré una copa de vino y me diré lo bonita que soy.
No me digas nada más y estaré bien. Estaré bien
(Parte instrumental)

Coro 3
Entonces tú estás con alguien que te hace sentir como uno de esos hombres que es invencible.
Yo iré a casa esta noche, me serviré una copa de vino y me diré lo bonita que soy.
No me digas nada más y estaré bien. Estaré bien
No me digas nada más y estaré bien. Estaré bien

domingo, 19 de noviembre de 2017

El perdón

En Catorze.cat acabo de leer el comentario sobre el libro "El perdó" (Editorial Milenio) de Francesc Torralba. Son unas reflexiones que personalmente me han ayudado y por este motivo las comparto en esta entrada.

"El perdón nunca sucede de forma instintiva o mecánica. Es la consecuencia de un esfuerzo, de un acto decidido y reiterado de la voluntad que ha sido capaz de superar el orgullo herido. No es fácil perdonar, pero es posible ".


Muchas veces, las ofensas (creo que también es aplicable las decepciones) hieren más allá de lo visible. Hay heridas grabadas en el inconsciente que en el momento menos oportuno saltan a la vida consciente. Una ofensa mal asumida es un arma que en cualquier momento puede convertirse en mortal. Conocerse a sí mismo es saber detectar las ofensas que cuecen en el interior del ser y ser conocedor de las razones de la amargura.

El hombre más libre es el que sabe liberarse de las ofensas y vivir distendidamente la relación con los demás. Esta libertad exige una independencia interior y, sobre todo, una distancia crítica respecto del mundo. Quien, por un lado, espera mucho de los demás, quien tiene muchas expectativas en los amigos, en la pareja, en los hijos, fácilmente se ofende. Quien, por otra parte, ha aprendido a no esperar nada, a vivir sin expectativas, a aceptar lo que los demás le dan como un regalo, nunca se ofende.

El resentimiento se genera, sobre todo, entre personas que se han querido mucho y que, por algo, se han distanciado. Sólo se puede odiar si se ha estimado con firmeza. No se odia el desconocido. Es más difícil perdonar la persona amada que la que nos odia, porque la que nos odia ya entendemos que nos quiere hacer daño.Marwan nos describe magistralmente el recor como un tigre enjaulado

Perdonar no es aceptar, tampoco es tolerar ni hacer la vista gorda. No se puede aceptar el mal ni se puede tolerar la barbarie. Tolerarla sería ser cómplices. El perdón es consciente del daño, es sabedor del dolor que ha causado, pero sabe distinguir entre la persona y el daño que ha causado, entre el sujeto y la ofensa. Perdonar es dar una posibilidad más. Es apostar, nuevamente, por la bondad de la persona.

El ejercicio del perdón tampoco significa que no se tenga que cambiar de comportamiento. Pedir perdón, sinceramente -de corazón-, significa adoptar el compromiso interior y público no repetir nunca más aquella acción dolorosa. No es, en último término, un acto verbal, sino un compromiso de futuro que afecta a toda la persona. No es, pues, una palabra. Es un proyecto de existencia nueva. El perdón requiere, por parte de la persona ofendida, un cambio de percepción, otra manera de considerar las personas y las circunstancias que creemos que nos han causado dolor.

Paul Ricoeur considera que el amor es más fuerte que la muerte, o, dicho de otro modo, que el perdón es más fuerte que la revancha o el resentimiento. [...] Es hermoso pensar que el perdón puede más que la venganza y que, por mucho que nos empeñemos a odiar, el amor es más fuerte, más intenso y más fecundo que el odio y que, por tanto, no es una lucha entre dos principios iguales. Después de todo, el odio alimenta, sin saberlo, del amor herido, ultrajado. La misma potencia del odio proviene del amor que es, a la vez, el principio activo del perdón.

El perdón es, en último término, expresión de la libertad más sublime de la persona, porque supone su capacidad de romper la lógica de la acción y la reacción, la pasión instintiva de la venganza y trascenderla, sorprendente de esta manera, propios y extraños. Nadie sabe, de entrada, cuáles son sus límites en la capacidad de perdonar y tampoco puede aventurar que será capaz de perdonar en su vida futura.

Las llaves que abren las puertas del perdón son misteriosas. En ocasiones, la puerta mejor cerrada se abre de golpe y deja pasar el flujo de la reconciliación, religa de nuevo personas que estaban separadas por un inmenso muro. No es fácil imaginar qué puede haber propiciado ese acercamiento: Una palabra? Una imagen? La proximidad de la muerte?

domingo, 12 de noviembre de 2017

Y me dejo acariciar por la música

La música en ocasiones te acompaña, en otras te acaricia, o te inunda, o te agita en lo más hondo. Te hace feliz, te lleva de viaje por tu interior. Puede mover tu cuerpo o relajarlo en el sillón. Cuando la llamas siempre acude a tu rescate.
Hoy leo una entrevista en la que Silvia Pérez Cruz dice que escucha poca música porque le provoca torbellinos de emociones que le afectan profundamente sus sentimientos.
Esa voz cristalina que parece a punto de quebrarse solo puede ser Silvia

jueves, 2 de noviembre de 2017

Camino de Santiago. Septiembre 2017

Vivir el Camino de Santiago es fácil, sólo has de seguir la flecha amarilla. No has de tomar decisiones complejas o dolorosas, solo caminar y sentir.
Vives al dia porque el futuro no cabe en tu mochila.



"... resulta inútil enfrentarse a un problema emotivo en términos de razón,... sólo el presuntamente ilógico inconsciente sabe encontrar una respuesta adecuada"
L. Etxebarria

Podemos contar los motivos de peregrinar por el número de peregrinos que cada día discurren por el camino de Santiago. Turismo, gastronomia, reto físico, amistad y por supuesto religiosidad y fe. Yo me encontraba entre los que necesitaban mirarse por dentro y calmar algunas heridas recientes. Necesitaba más sentir con el corazón que pensar con la cabeza. Sólo tenia que reconstruir el resto de mi vida!
La dinámica del camino ayuda a este ejercicio de introspección. Empezábamos a caminar cada dia a las 8 con las primeras luces de la mañana y con el ritmo que nos marcaban las piernas avanzabamos hasta el medio día y allí donde nos cansabamos parábamos en el albergue que encontrábamos. Tras una frugal comida hacíamos la siesta y por la tarde el cansancio te provocaba un ritmo reposado que cubría la tarde como una balsa de aceite. Comprábamos lo justo para la cena y el desayuno. Nada para la mochila salvo escasos tentempies.
Un dia paramos en el Acebo, antes de Ponferrada y hicimos noche en el albergue parroquial. El hospitalero voluntario, Pedro, creaba un ambiente de grupo que nos implicó a todos en la preparación de la cena que luego fue conjunta de los 23 peregrinos que estábamos alojados esa noche. Fue casi mágico el ambiente de amistad global (un japonés, uno de Alcoi que hacia el camino alrevés, un restaurador italiano, el holandés, franceses, más italianas,... personas con las que, en los días siguientes, coincidimos con frecuencia en el camino a pesar de los diferentes rítmos de cada uno.
A partir de ese momento intentábamos buscar albergues pequeños y con cena en común y algúno encontramos. Recuerdo el de "Das Animas" en Ambasmestas, donde decidimos partir por la mitad la etapa de O Cebreiro. Un ambiente casi íntimo con un servicio muy cercano y atento por parte de Sabin y Ulrich.

La cruz de ferro
Dejé un coral blanco del Pacífico en recuerdo de un paciente que me lo regaló antes de morir. Lo hice en memoria de todos los casos en los que me ha tocado acompañar a personas en su tránsito.
Dejé una piedra de Sant Pol seguro de mi decisión de iniciar un nuevo proyecto personal.
Dejé otras dos piedras que dolieron más una era de Arenys y otra de Llançà

Amo el amor que se reparte
en besos, lecho y pan

Amor que puede ser eterno
y puede ser fugaz

Amor divinizado que se acerca,
Amor divinizado que se va.

Pablo Neruda

___________________________________________

El camino te obliga a vivir al dia. No puedes comprar comida para dos dias porque la tienes que llevar encima y no te cabe en la mochila. Por eso piensas en lo que necesitarás hoy y, como máximo, el desayuno de mañana

___________________________________________

La cadencia regular del caminar va entrando en tu interior desocupándolo de preocupaciones. El cansancio ayuda a que la tarde sea relajada y puedes meditar o simplememte dejar la mente en blanco.
___________________________________________

La vida te romperá el alma. Pero resurgirás del tiempo, Ganarás la batalla. No habrá vencedores ni vencidos,< tan solo fantasmas.
Encontrado en twiter


"Es difícil que alguien te rompa el corazón.
Casi siempre eres tú quien lo rompe
minetras tratas de meterlo a la fueza
donde bien sabes que no cabe"

Alejandroi Jodorowsky


Cuanto más aptos somos
para hacer consciente el
incosciente, más grande es
la cantidad de vida que
integramos

C Jung
(pegado en la nevera del albergue)

Y te dejé marchar


He soñado con tus manos
pintando el cielo gris
con cuidado, muy despacio
Yo mirando desde aquí
En un jardín de lagrimas, lagrimas por ti.

Hemos vivido una isla
Tanto tiempo flotando sobre el mar.
Yo te he visto, jugando con las olas
Y la arena acariciar
Yo sabía que te quería
Y te deje marchar

Yo te deje marchar,
Yo te deje marchar
Después de la última noche
Yo te deje marchar.

Soy un hombre, mi corazón se está
Desangrando
Por la ternura que se fue, la que lo mato.
Mi pelo sopla al viento
Yo canto fuerte, y lento
Canto sobre tus noches, canto sobre el sabor
De la sal en tu piel

Pero te deje marchar
Y las olas no te traerán aquí
Pero yo te esperare, en la orilla
Aunque tú no volverás jamás.

Luz Casal

martes, 23 de mayo de 2017

El baile

Nuestros cuerpos adolescentes se movían al ritmo de la orquesta en la plaza del pueblo en fiestas. Se llamaba AnaMaria y era mi tercer amor encadenado del verano, aunque ella no supiera que era la tercera ni que yo estaba perdidamente enamorado. El frescor de la noche apagaba el fuego de finales de julio y se adueñaba de la plaza, engalanada con luces y banderines. La orquesta desde un escenario algo elevado desgranaba los éxitos del momento sin solución de continuidad con temas que ya bailaban nuestros abuelos. Los efímeros roces de nuestros cuerpos desprendían chispas de pasión que en aquella época difícilmente acababan más allá del vigilado recinto donde se hacía el baile. Ensayos de conversaciones, algún intento frustrado de beso robado, risas y pavoneos. Cuando la canción acababa, espera nerviosa hasta la siguiente en la que de nuevo, ¿bailas?, y según la suerte continuaba la magia o habías de recomponer la figura para adaptarte a una nueva situación, otra chica de la que todavía no estabas enamorado.

Desde mi crónica timidez recuerdo aquellos bailes con una mezcla de desasosiego y emoción teñida del color de la nostalgia. Era el despertar del fin de mi infancia en que se abría la puerta al vacío de la edad adulta de la que aún me separaba el complejo tránsito adolescente.

Las fiestas eran el único hito de aquellos veranos interminables en que calurosos días se sucedían sin solución de continuidad. Labores agrícolas en medio de páramos de cereal dorado que se había de cosechar sin una sombra en kilómetros a la redonda. Y cuando la tarde decaía nos reuníamos los amigos en un banco cercano al de las chicas y hablábamos y gamberreábamos. En ocasiones ya bebíamos nuestras primeras “ámbar” en la taberna o en el café de la plaza. Amistad sin condiciones ni pretensiones. Imaginad, pues, lo que suponía la llegada de la fiesta a Santiago y Santa Ana, un complejo programa ¡baile y vacas! Ah! olvidaba la misa al santo patrón en la que la iglesia se llenaba como en todo el año. Esta ocasión era aprovechada por el párroco para abroncar a todos aquellos que solo pisaban el templo en tan señalado día.

Y el verano felizmente improductivo languidecía hacia septiembre y los que estudiábamos en Zaragoza hacíamos nuestras maletas para desaparecer. La luz radiante se tornaba gris en aquel colegio solo de chicos, pero eso ya es otra historia.

martes, 16 de mayo de 2017

Ferroviarias (imágenes)

Me gusta viajar en tren.

Lo hago un día a la semana desde que cambié de trabajo.

El tren mantiene la esencia y las sensaciones desde que las primeras locomotoras de vapor comenzaron a rodar sobre unos raíles. Hay más electrónica, más hidráulica, son eléctricos en su mayoría pero cuando subes percibes el olor a carbonilla, ya que, a menudo, las vías se sustentan en traviesas de madera, y el traqueteo en los cambios de aguja y en esos tramos necesitados de algo más de mantenimiento. Es cierto que la alta velocidad, tan perfecta ella, te hace olvidar que vas en tren; pero los cercanías son garantes de la esencia ferroviaria.


He de llegar con tiempo, es la única condición que pongo para disfrutar de un viaje en tren, porque las estaciones siempre me resultan inhóspitas y cuando llego a ellas se me agudiza la intranquilidad de la hora y de sacar billete. Aunque se trate de un viaje cotidiano nunca dejo atrás un cierto desasosiego hasta que me hallo sentado en el vagón.





Desde hace un tiempo el Maresme tiene tren directo a Girona; es un cercanías con aspiraciones porque supera en mucho la distancia que habitualmente tienen estas líneas. Hasta Malgrat el tren transita literalmente por la playa. Abandonas la sensación de ir en barco cuando se interna hacia la estación de Blanes y a partir de allí discurre por la campiña (casi inglesa), entre bosques y campos verdes, casas de payés, caminos y senderos. A la vez que se aleja del bullicio turístico de la costa el tren también se torna más tranquilo, conversaciones quedas entre personas endormiscadas, asientos azules y lectura. Quizás se encuentra a faltar una mayor interacción entre viajeros, no en vano son trayectos cortos de gente ocupada y casi siempre con la vista en el móvil.

El frescor de la mañana en la cara al salir a la calle estimula el paseo por las calles de Girona, al encender el ordenador nadie adivina mi viaje matinal.