martes, 8 de abril de 2008

ele bike

La bici te gusta desde ya ni te acuerdas. Sea por carretera o montaña, por pueblos, ciudades,... cuando pedaleas se te olvida un poco todo lo demás. En verano aprovechas el fresquito de las bajadas y en invierno... ¡hace frío a pesar del cambio climático!.

Desde hace ya un tiempo notas que algunos, muchos, compañeros de bici tienen más prisa que tú, te pasan inexorablemente, especialmente si el camino apunta muy hacia arriba. También has notado que cada día te gusta más el paisaje y a menudo te descubres parado junto a tu bici contemplando una vista increible que pasa desapercibida para muchos otros colegas que a golpes de riñón ya han coronado el puerto. Eres un experto en tecnología biciclitil: sabes perfectamente cuantos dientes tiene tu plato pequeño, que es el más pequeño de los que había en la tienda, y cuantos tiene el piñón grande, que era, ni que decir tiene el más grande. Disfrutas tanto o más de la parada para almorzar que del resto del camino. Al final de la excursión has tenido tiempo de hacer unas fotos.

Un dia todo se aclara cuando tu compañero de fatigas te dice: cuida con estos que solo tienen 40... efectivamente ya tienes 50 (L) pero sigues en bici (bike).



Excursiones ele-bike por el Montnegre.

En la costa del Maresme norte, las estribaciones de las sierras prelitorales se concretan en el Montnegre. Sus cimas más elevadas, “Turó d’en Vives” i “Turó Gros”, alcanzan los 766 m. de altura y se alargan en forma de larga carena por los “turós” de l’Alomar i de Grimolas. En Collsacreu el Montnegre se da la mano con el vecino Corredor junto al que forma un hermoso parque natural. La vertiente meridional es surcada por la riera de Vallalta, actualmente de caudal escaso y solo en épocas de lluvia, en la que se encadenan los pueblos de Sant Iscle, Sant Cebrià y Sant Pol. Es una zona ideal, si conoces un poco sus caminos, para excursiones con desniveles razonables en las que disfrutar de paisajes que van desde la costa de calas y playas a bosques de encinas, alcornoques, pinos, castaños, avellanos, madroños y hasta algunas manchas de hayedo. Helechos, musgos y dando fe de la calidad ambiental líquenes. Y que decir de las setas, casi las puedes oír estallar, a cientos, como burbujas a la llegada del otoño.
Desde cualquiera de los pueblos de la zona puedes comenzar infinidad de rutas, las que se describen a continuación tienen como punto de partida la “Plaza del Hotel” (nombre real plaza de Anselm Clavé) en Sant Pol de Mar. Un buen punto de encuentro con los compañeros es el quiosco de la plaza. Otra alternativa es el parking del Parc Litoral

Encontrarás descritos recorridos "ele" en elebike50

domingo, 6 de abril de 2008

Yo no quería ir a París

Habíamos llegado a una gîte soberbia en Beaumont Village, pequeño pueblo junto a Montresor y apenas instalados ya surgió la idea de ir a la capital francesa. En realidad en las semanas previas ya se había indagado sobre hoteles, viajes, lo imprescindible a visitar o lo que iba a costar. Lo sabía y no había dicho nada, a pesar de mi desagrado a los viajes de “visitar cosas”. Yo soy más de estar, disfrutar, pasear, sentir, musiquear o leer. Sí, a pesar de que la perspectiva de una visita relámpago de día y medio a París me horrorizaba no había dicho nada. Estaba tranquilo porque quedaba un último resquicio de esperanza en que alguno de los preparativos improvisado fallara.
Pero aquella tarde en la que ya llegaron con los billetes me vi perdido: el viaje era ineludible, mis protestas no valieron, mis quejas fueron contestadas. Hice valer mi edad, razoné que aquello nos partía las vacaciones. Todo fue en vano,

¡a París, nos vamos a París!


Lunes 20 de agosto, a las ocho menos cuarto salimos de casa y alrededor de las nueve aparcamos en la estación de Saint-Pierre-des-Corps, pueblo unido a Tours dónde paran los TGV. En una hora justa estábamos en la estación de Montparnasse.

Nuestro primer metro (la línea 6) en gran parte de su recorrido al exterior nos muestra, desde casi el principio, la tour Eiffel. Efectivamente estamos en Paris.
El primer día vimos casi Paris: les Invalides, palais de la Découverte, les Champs Elisées, el Moulin Rouge, el Sacre Coeur, el Louvre, l’île y Notre Dame. Hasta asistimos a una escena del rodaje de la segunda parte de la pantera rosa. En Clinchy encontramos una taberna cerca del hotel donde alimentamos nuestros cuerpos, que no nuestras mentes que ya iban sobrecargadas de tanta cosa vista. Quiso el destino que la noche nos diera alcance en pleno barrio latino. Cenamos, como es natural, comida típicamente… ¡tibetana!, lo normal en estos casos, verduras empanadas al curry, pollo al curry, fideos al curry, pan al curry,… nos gustó mucho tanta variedad. Al acabar el metro nos devolvió a nuestro hotel en el boulevard de Clichy (junto al ya comentado Moulin Rouge).

A la mañana siguiente el funicular nos acabó de subir al Sacre Coeur (lo cogimos porque entraba en el billete múltiple de metro que teníamos. Lo complicado de la visita al Sacre Coeur es salir indemne del ataque de los artistas de la plaza. Quien más, quien menos es retratado a lápiz o le es recortada su silueta con tijeras o le hacen una caricatura,…
Como ya habíamos visto toda la ciudad el día anterior solo nos quedaba que revisitar algún sitio en que nos hubiera quedado pendiente algún detalle. Además del Sacre Coeur, volvimos al Louvre, al Arc de Triomf,…

Nuevamente en otra hora el TGV nos devuelve a Saint-Pierre-des-Corps y al anochecer nos encontramos de nuevo en nuestra preciosa casa de Beaumont.

¡¡Paris, Paris, qué ganas tengo de volver a París!!