lunes, 30 de mayo de 2011

Los indignados (2)

El 15-M ha pillado a los (¿nuestros?) políticos fuera de juego, no hay más que verlos preguntarse por los “cabecillas” del movimiento para poder ir a hablar con ellos, engañarlos, comprarlos y desmantelar de una vez algo tan molesto. Esta pregunta solo tiene una respuesta: el que la plantea no tiene ni idea de lo que es internet, ni la web ni nada de nada. En este mundo intersección del real y el virtual cada persona es un poco líder, es un poco autor de cada idea y la protagonista es la interacción como resultado que supera a la suma de cada pequeño cyborg.

No he estado físicamente en ninguna acampada 15M pero sé que el movimiento continuará imparable al margen de cuánto duren las concentraciones en el mundo real ya que la red es un instrumento capaz hasta de derrocar regímenes como los del Magreb. Estamos viviendo en una sociedad profundamente injusta en manos de unos pocos desaprensivos financieros responsables de todo contra lo que se revelan los indignados.

Hemos de imaginar,además, que toda esta injusticia que se vive en situaciones límite de mucha gente que nos rodea se multiplica por mil veces mil si miramos al tercer mundo.

Lo descorazonador es que los verdugos no son conscientes que también ellos son las víctimas de su propio sistema de materialismo y poder.

Los dos problemas clave de la especie humana son la injusticia en la distribución de la riqueza en el mundo y el desastre ecológico. ¿Puede el capital especulativo solucionar alguno de ellos? Si la respuesta es NO, hemos de acabar con él.

En la red también encontramos pequeñas joyas, una de las cuales he descubierto hace poco y quiero compartir, se trata de “The Sweet Old Etcetera” (2006) una poesia digital en movimiento de Allison Clifford


lunes, 9 de mayo de 2011

Un paréntesis

Hay épocas en las que la vida te abruma, sientes que te falta el aire para respirar y todo a tu alrededor se acelera. En realidad eres tú el que se ralentiza y no alcanzas a seguir el ritmo que hasta hace poco, no sabes cuánto, era tu forma de vivir. Descubres que ha pasado toda la tarde y de las cinco cosas que pensabas hacer todavía no has acabado la primera. No te atreves a llamar a… ni hablar con… sientes el resoplido de la máquina de tren (de vapor) al llegar a la estación y decides parar, abrir un paréntesis.

Como seguidor de blogs, que es lo mismo que seguidor de personas, veo con cierta frecuencia cómo activos escritores caen en la inactividad dejando sus ventanas blogueras abandonadas, las más de las veces sin aviso previo. Se adivinan siempre cambios vitales, a parte del aburrimiento y la sequía en la inspiración, como son los hijos nuevos, cambios de trabajo, el zarpazo de alguna enfermedad o el ser presa de fantasmas del pasado, submundos como dice la ND. Se trata de paradas técnicas de mayor o menor duración, desde unos días que pasan casi desapercibidos, hasta meses o años. Y vuelta a empezar.

Los amantes de etiquetas hablan de la crisis de los treinta, cuarenta o cincuenta,… no creo que haya tantas edades críticas aunque sí que es evidente que el cuerpo deja de ser silencioso y comienza a quejarse a final de la década de los cuarenta. Cumples los cincuenta y todo son males… Y por lo que observo el cuerpo empieza a hablar y quejarse a los cincuenta pero a los setenta ya no susurra sino que grita a voz en cuello. En una entrevista a no recuerdo quien, que ya calzaba los 75, el locutor de radio le preguntó cómo se encontraba. El susodicho respondió que fenomenal, pero que si cuando tenía treinta años se hubiera despertado un día notando todos sus actuales achaques de bien seguro que se habría quedado en la cama.

Me reanudo en este blog porque me siento bien.
Parafraseando a un grupo de Facebook inicio una fase de navegación tranquila.