jueves, 30 de octubre de 2008

El Canon de Pachelbel está en todas partes...

Rob Paravonian se autodefine como friki pero tengo la impresión que es un auténtico erudito. Su ensayo sobre el Canon de Pachelbel es, sencillamente definitivo.


domingo, 26 de octubre de 2008

Italia, de la Toscana al Véneto (y cuarta parte)

Nada más llegar, se nos muestra Pisa, ciudad amable de colores pastel hecha a medida del caminante o las bicicletas. Tan apenas se ven  coches  por el centro  y los pocos que vemos lo hacen transitando a poca velocidad. Hemos pasado por una calle porticada (Oberdan) y llegamos a la plaza “dei Cabalieri”, la escuela normal es un edificio con una fachada muy llamativa por sus pinturas de más de trescientos años y el Palacio de l’Orlogio. 


Poco después, al doblar una esquina aparece la torre, seguimos y ya vemos también el Duomo y el Baptisterio: estamos en el “Campo dei Miracoli”. La visión del conjunto corta la respiración, mármol blanco sobre un tapiz verde de césped. Un gentío infinito teje un manto multicolor complementario que se introduce por cada resquicio. Chiringuitos de torres inclinadas, vendedores ambulantes empeñados en venderle a uno un Omega por 15 euros,…

Visitamos el Baptisterio, el Campo Santo y la Catedral. No quedaban horas para la torre. Con permiso de ésta diré que la catedral destaca sobre el resto. Todo es mármol blanco que alterna con el negro en los arcos recordando éstos a los de la Mezquita de Córdoba. Sobre el lujo marmóreo el Pantocrator es visible desde todos los sitios. Todo el interior es monumental como era de esperar.




¿Dónde cenar?: pizzería l’Arancio, cerca de Garibaldi. Nuestra recomendación: pizza pisana: blanca, con jamón serrano, queso curado en láminas finas y rúcula fresca, todo aliñado con vinagre de Módena. ¡Exquisita!.

Botega dei gelati, en plaza Garibaldi: helados nocturnos en el sitio de más marcha de Pisa a orillas del Arno. 




Esperando zarpar en Livorno

lunes, 20 de octubre de 2008

Italia, de la Toscana al Véneto (tercera parte)

Las islas de la laguna.

A diferencia de Venecia, unida a tierra por el largo puente de la Libertad, al resto de islas sólo se llega por barco.

Murano, plagada de tiendas. Son curiosas las verdulerías ambulantes en pequeñas barcas que ofrecen su mercancía, directa desde la huerta, a los paseantes de las orillas. Visitamos las iglesias de SS. Maria e Donato y de San Pietro Martire. Elegimos el camino sombreado de la izquierda de “Fundamenta dei Vitrai” que es la calle más pintoresca de la isla. Casas bajas a ambos lados del canal y un sinnúmero de tiendas y restaurantes.


Mazzorbo, pequeña isla unida a Burano por un puente. Tiene solo una línea de casas y lo demás parecen campos. Un matrimonio mayor regenta la “Antica Trattoria alla Maddalena”. Es un restaurante de los de “toda la vida”, aunque el precio es algo caro nos animan el pescado a la parrilla y nuestros molidos pies. Pasta con cangrejo, parrillada, helados, café y sobremesa.

Burano: nada más llegar decidimos que es nuestra isla preferida. Rosa con azulón, verde manzana, granate, azul más claro, bermellón, verde oscuro, rojo,... colores vivos que se unen en las líneas de separación de una fachada con la siguiente, sin mezclas ni difuminados. Se dibuja un mosaico con todo el arco iris. Nos perdemos por sus calles y ríos con un rosario de tiendas en las que predomina el encaje. 



Punta Sabioni, un día de playa

Una vez ubicados en la playa junto al “Chiosco al Faro”, nuestra mirada dirigida hacia el interior de la laguna nos lleva a entender mejor el conjunto de la laguna de Venecia: la tierra firme dibuja un golfo que es cerrado por el equivalente a la Manga que en este caso tiene tres salidas al mar: Chioggia, Malamoco y Lido. Así pues en la franja de tierra hay dos islas alargadas: Pellestrina y el Lido de Venecia. Nos encontramos en la Chioggia y la tierra que vemos al otro lado del canal es el Lido.

Trafico continuo de barcos de todas las dimensiones, playa de arena finísima.

Más Venecia.

El Gheto, casas de cuatro plantas por callejuelas estrechas. Largas barbas, sombreros negros, rizos que cuelgan,... inquietan un tanto.

Callejeamos por Santa Croce En el Campo Salviaté nos sentamos en una terraza junto a un canal. Café, gasatta y té frío

El Squero di Zattere, pequeña dársena en Dorsoduro. Caen las primeras gotas, lo negro del cielo nos decide a sentarnos bajo techo, ignorando su terraza bajo sombrillas nos introducimos en el comedor interior de la gelateria Nico. Cuando la tormenta amaina y se asoma el sol entre las nubes disfrutamos de una de las mejores panorámicas de Venecia: al otro lado la Guiudecca


Paseando por el Dordosduro, en Foscani frente a los bomberos, encontramos “Il Gatto Matto”: marionetas, máscaras, adornos,... una maravilla de tienda-taller.

sábado, 18 de octubre de 2008

Guernica, Picasso y Falla

La historia del hombre es una historia de guerras y de sangre. La fascinación por la guerra cala ya en los niños  que apuntando con su mano juegan a matarse con sus amigos.

La crueldad de la guerra, la muerte, los desplazados, violaciones, llanto, dolor, ... es destilada por historiadores que transforman este atroz espectáculo en páginas de nobleza, valor, conquista, ... Un clarividente Popper ya dijo el siglo pasado que la historia de la humanidad lo es del crimen y el robo en masa.

Es sobrecogedor el montaje en 3D que nos ofrece la página de Lena Gieseke sobre el Guernica de Picasso con música de Manuel de Falla (guitarra y violoncello) (haz clic aquí)


Entre violentos choques de ambición y fanatismo queda algun resquicio por el que brota la flor del vivir cotidiano. Aunque las personas que tu y yo conocemos no pasaremos a la historia.

jueves, 9 de octubre de 2008

Italia, de la Toscana al Véneto (segunda parte)

Viaje de atascos tremendos en Florencia y tremendísimos al llegar a Mestre (20 Km. de cola). Después nos enteraremos que un grave accidente había provocado el cierre de la autopista durante casi un día y lo que padecimos eran las secuelas. Aunque tarde llegamos al fin a Villa Grazia en Vía Castellana con Antonio Vivarini: TRIVIGNANO.

Se trata del núcleo más alejado del ayuntamiento de Venecia en esta carretera según nos aclara vehementemente Antonio el dueño de la casa: ¡nosotros somos Venecia!. En definitiva, estamos alojados en “el mismo Venecia”. Las conexiones con la plaza de Roma en Venecia son muy buenas ya que pasa un autobús cada media hora y que le cuesta unos 35 minutos en hacer el trayecto.

Venecia

A pesar de que era mi tercera visita a Venecia el primer paseo camino de San Marcos volvió a  sorprenderme; calles estrechas y muy estrechas, continuos puentes sobre aguas aceptablemente transparentes y ese color antiguo que lo envuelve todo: cada casa, cada iglesia, cada piedra de la calle, los carteles,… hasta el cielo es de ese color.

El transporte en barco, la mayor de las veces en vaporetto, tiene un encanto especial ya que te estás moviendo por una ciudad de calles hechas de agua. No por esto hemos de dejar de caminar por sus calles ya que a cada vuelta de esquina podemos encontrar una sorpresa en forma de plaza, callejón de escaparates artesanales o apretadas mesas de alguna terraza de un bar. En cuanto te alejas de las grandes calles y, por supuesto, de San Marcos la multitud se desvanece y vas tropezando con pequeñas plazas de las que manan continuas fuentes y que tienen un brocal de pozo en el medio.

Plaza de San Marcos. Aun sin conseguir abstraernos del tremendo gentío la inmensa belleza de la plaza provoca una sensación casi física que invade nuestro respirar, deslumbra nuestros ojos y llena nuestros oídos. Incluso Napoleón resultó conmovido cuando expresó que se trataba del salón más bello del mundo. Después de algo de cola entramos en la basílica. Nuestra espera es amenizada por el toque de las 12 del reloj de la torre y del campanile. Al entrar todo me resulta familiar y conocido, el conjunto es sobrecogedor. La luz tenue que se filtra por los ventanales exiguos descubre un espacio inmenso de arcos elevados y robustos; la bóveda central desaparece en lo alto. Poco a poco conseguimos fijarnos en los detalles: los mosaicos bizantinos de teselas doradas. No recordaba la pala de oro que es una obra de orfebrería exuberante, situada por detrás del altar mayor,  en la que está representada la Biblia entera, antiguo y nuevo testamento: oro, esmaltes y piedras preciosas.

Podría pensarse que el tráfico marítimo en Venecia ha de ser intenso y... ¡es verdad!. El Gran Canal está atestado de embarcaciones de todo tipo, tamaño y rumbo. De vez en cuando nuestro conductor toca la bocina cuando, de entre todo ese avispero, alguna embarcación despistada u obligada se acerca demasiado a nosotros. Se ven transportes de mercancías (enormes furgonetas de reparto), taxis blancos de líneas estilizadas, más vaporetti, alguna lancha y hasta góndolas que al salir de los canales pequeños han de transitar cortos trechos por el gran canal hasta llegar a sus amarres. Aparentemente el desorden es total, no se va por la izquierda ni por la derecha pero milagrosamente no hemos visto ningún abordaje.


La Guiudecca: se agradece la tranquilidad de esta isla tan cercana y a la vez tan lejana a San Marcos. Hay un par de hoteles espectaculares a los que se llega en barco por sus entradas principales al otro lado de la isla al que nos asomamos logrando ver otras islas y el Lido di Venecia