Cerveza en casa

Ahora todo está en las tiendas. Si quieres pajaricos no vayas al campo, ves a la tienda.
Se expresaba con la contundencia del saber aprendido con lo años, graduado tras la barra de su bar desde que lo conocí. Recordé esta sabia reflexión el otro día empujando el carrito por los pasillos del súper mientras alargaba la mano para coger un paquete de harina. El hilo de mis pensamientos, que discurría siguiendo las estanterías multicolores a rebosar de productos, llegó por fin a una conclusión: si por cualquier motivo (esperemos que no sea la crisis) nos cerraran las tiendas la mayoría de la población, entre la que me incluyo, moriría de hambre.

A diferencia de nuestros padres o abuelos: ellos sí que saldrían adelante echando mano de un sinfín de recursos que aprendieron desde niños. Eran los tiempos de economías de subsistencia y no del actual deshago, en los que una vasta cultura amasada desde que el hombre es hombre permitía hacer cestas con mimbre, o conservar un albaricoque secándolo, o hacer embutidos de un cerdo, o una conserva de tomate, o mermeladas, o hacer pan o vino... cultivaban la tierra sin necesidad de pesticidas y pescaban con la ayuda del viento y de sus brazos. A aquello que era su día a día ahora lo re-descubrimos y decimos que es la actividad sostenible.

Lo cierto es que el torbellino del progreso ha barrido en apenas una generación todo lo que aprendimosdurante miles de años. Ahora, ni los navegantes más avezados dotados de radar y gps sabrían pescar con el aparejo del bou: una red que se arrastraba entre dos barcas de vela latina y que si no iba en la orientación correcta no pescaba. Y quién sabría trabajar la tierra con la ayuda de una mula y trillar la mies en una era. ¿Sabríamos moler el trigo con la fuerza del agua del río? ¿Quién de nosotros sabe hacer vino?.

No hablemos de esos casos extremos, bastante frecuentes, de personas que no saben ni hacerse una tortilla. Lo cierto es que hemos delegado todas estas tareas a las fábricas y mercados.

Y todo esto para llegar al hecho de que en casa me ha salido un maestro cervecero, es mi hijo que ha elaborado su primera cerveza en casa. Ha sido con la ayuda inestimable de Joan, un erudito y amante de este precioso líquido.

Una última reflexión, los productos que compramos los valoramos por su precio, en cambio el valor de lo que hacemos nosotros lo podríamos medir en nuestro tiempo y dedicación, en definitiva que un producto artesanal lleva algo de nosotros mismos en su interior. Si comparas el valor de uno y otro... no hay color y en este caso no hay sabor...

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