sábado, 6 de junio de 2015

Paseo en la barca

Cuánto hacía que no navegábamos a vela?; Por lo menos un mes, fue cuando vino Vicente; Es verdad, entre calmas, ventadas y pescar; Y cuenta también la varada, fue una semana fuera del agua entre rascar y pintar.

La tranquilidad de la tarde reina en el puerto, las barcas amarradas se mueven ligeramente y no se oye el sonido de las drizas golpeando contra los mástiles que produce ese campanilleo en los días ventosos. Todo es calma.
Al subir a la barca ésta branda a ambos lados desperezándose de su letargo.
En un abrir y cerrar de ojos ya tenemos el timón montado, la caña (arjau) y el motor resoplando. ¡Larga amarras!
La barca se desliza con suavidad por el canal y al doblar la curva enfilamos hacia fuera. Incluso en ruido del Solé de 32 años no consigue turbar la tranquilidad del puerto.
Olor a sal y a mar, suave brisa en la cara.
Dejamos atrás las últimas barcas de los amarres del club de pesca y salimos al amplio canal de salida del puerto. A estribor la dársena de pesca, a babor los diferentes astilleros con actividad febril en estas fechas de preparativos de barcos para las vacaciones. Al llegar a la bocana nos cruzamos con uno de los primeros arrastres que regresaba de la pesquera del día.

Mira allá parece que hay algo de viento; Umm, tan poco que de momento ni subimos vela; Vamos hacia la piscifactoría y largamos los curris; Perfecto, a ver si sube un poco el viento, aunque a estas horas…

Rumbo 210, 3 nudos pensando en los curris y en que no tenemos ninguna prisa.

Con este curry nunca he pescado nada; Pues ahora que lo dices con el mío tampoco.

Mantenemos la esperanza en nuestros dedos índices que esperan la emoción de la picada. Con la charla disminuye la trascendencia de que vayamos a pescar y lentamente nos acercamos a las boyas que delimitan lo que queda de piscifactoría. Allí nos unimos a la reunión de prácticamente todas las gaviotas de la zona que dibujan una línea inverosímil. Tras rodear todo este conjunto de boyas e instalaciones ya hemos recogido los aparejos y nos vamos a nuestra seña de arañas. Está cerca de la playa y en este tiempo todavía podemos encontrar a alguna araña que todavía no haya emigrado a aguas más profundas.

Mira ya es la seña: aquel edificio de Canet por la vaguada y este de Arenys con el Corredor.

Lanzamos nuestros artes con un trozo de anchoa en salmuera por la borda. El aparejo lleva un plomo que lo arrastra hasta el fondo. Notas que ha llegado y lo tienes ligeramente tenso hasta que… notas el tirón, el de las arañas es vigoroso, y subes el sedal con una cierta rapidez. Cuando se acerca ya ves al pez que sube aturdido y lo echas a la cubierta. Se ha de tener un cuidado extremo en que ni tan siquiera te roce uno de sus aguijones que están en la aleta dorsal y en los opérculos de las branquias.
El sol ya enrojece y se acerca al horizonte cuando volvemos a puerto. Otro día sin viento… pero mañana comeremos pescado fresco.

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