Déjala marchar.

Hoy nos acompaña un colaborador especial, es mi hermano Luis y una carta suya que fue publicada en el XL Semanal el pasado 7 de septiembre de 2008. Además le regalaron con la pluma estilográfica, y ya van dos, que distingue a la mejor carta de la semana.
Os invito a sentiros envueltos en una fina capa de melancolía. Os deseo que disfrutéis como yo lo he hecho con su lectura.


Qué gustazo estival poder saborear artículos que no hablan de crisis y que refrescan el espíritu. Hoy me he quedado con los recuerdos obsesivos que evocaba Juan Manuel de Prada en su artículo. Ese Rosebud inalcanzable de Ciudadano Kane, aquella joven que Bernstein vio de soslayo una vez y en la que nunca pudo dejar de pensar, o la recurrente Ernestina con la que el propio autor sueña a diario. Primero pienso con tristeza en la impotencia del recuerdo imposible, del ideal inalcanzable que no se puede olvidar. Es el zahir de Borges, la moneda sin valor que se convierte en el centro del universo sin saber por qué. Pero viene a mi memoria la reciente noticia de un chico que vio a la mujer ideal en el metro de Nueva York. Cometió el error de buscarla y, por culpa de la www, que todo lo puede on line, tuvo la mala suerte de encontrarla. Esa aventura ideal terminó en unos días. “Qué suerte –pensarán algunos-, haber podido darse cuenta de su error.” “Qué lástima –pienso yo-, haber perdido la oportunidad de tener su propio ideal, su zahir, para recordarlo a diario.” Si algún día tienes la fortuna de toparte con una imagen de la perfección, no intentes atraparla; déjala marchar, para así poder conservarla contigo, pura, intacta, para siempre.

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