jueves, 11 de diciembre de 2008

En moto

Las gotas de lluvia se unen formando pequeñas líneas que corren hacia los lados de la visera del casco empujadas con brío por el viento producido por la marcha de la moto. El fresco frío de la mañana otoñal se cuela por la barbilla y me trae hasta la nariz el aroma de lluvia y bosque húmedo. El tacto del borreguillo sobre mi cuello me hace disfrutar del calor que no deja escapar el abrigo impermeable. Pienso en la sensación cálida de las piernas bajo la mesa camilla mientras la lluvia golpea suavemente los cristales de la ventana. Un escalofrío placentero recorre mi espalda. Mientras, sigo dibujando cuidadosamente cada curva de la carretera mojada; lo último que desearía es que un resbalón rompiera este viaje mágico.
Siento el calor que me envuelve unido al frescor que llega hasta mi pituitaria. En las curvas más umbrías percibo aromas de musgo, setas, hojas mojadas. El sonido apagado del motor mezclado con el suave rumor del viento sube tímidamente a mis oídos.
Cuando llego, mientras aparco, alguien se me acerca y exclama ¡pero a quien se le ocurre ir en moto con este día de perros!.

Apenas transcurrida una semana de aquellas sensaciones, esta mañana al emprender mi viaje diario he notado el frío, era un frío de verdad, que se dejaba sentir como mordiscos en mis piernas y menos en mis brazos. Los pies han sabido mantenerse calientes mientras que las manos progresivamente se entumecían. El manto blanco de la rosada (*) cubría las hierbas interrumpiéndose bruscamente en la línea de la carretera que permanecía extremadamente seca. He superado aquellos tramos en los que ya sabía que habría hielo como en la curva de la gasolinera en la que cada invierno se salen 2 o 3 coches. Y he llegado. Es el primer día que he necesitado unos minutos del aire caliente para reaccionar antes de empezar a trabajar. Y es que ¿a quién se le ocurre ir en moto un día como hoy?

(*) La rosada tiene una traducción al català que me gusta mucho: el gebre: “quan el sol va sortir i va fondre el gebre,...” (los castellano-parlantes la han de pronunciar como yebre).

1 comentario:

Gemma dijo...

Que bonitas sensaciones he revivido con tus palabras.
Un privilegio para el espíritu de repente ser parte del paisaje,un lifting que rejuvenece el alma y el cuerpo durante unos minutos.
Una buena forma de empezar el día.
Sin embargo, apreciado Pèsol aléjate del "gebre".