lunes, 16 de abril de 2012

Contricción


Unos días antes de morir las lágrimas borraron la dureza de su rostro. Ella sabía que era el final y la angustia que le amordazaba el corazón superó su rabia aflorando en la superficie de su ser aquella mañana.

Era una decisión de su vida la que impregnaba todo de un amargo sentimiento de culpa y se adueñaba hasta del último de los recovecos de su alma. Cuando tiempo atrás me dejó entrever algo de su historia, racionalizaba y defendía sus opciones afirmando que volvería a pasar por los mismos caminos.

Ahora toda su resistencia se desmoronaba al igual que su rostro arrasado por el llanto quedo y triste. Solo la memoria me hacía ver la energía del gesticular de sus manos y la rigidez de su gesto cuando su sonrisa se cortaba por la rabia del recuerdo de su esposo, que no supo o no quiso seguir su ritmo para el que muy probablemente la vida no le había preparado. Y en aquellos tiempos en los que la mujer se había de supeditar a la voluntad del marido ella optó por su independencia y aquella decisión siempre clara y mantenida era la que ahora se tambaleaba. Fue la última vez que la vi con vida, recuerdo el adiós callado en sus ojos cuando sus cuidadores la conducían hacia su habitación. Los últimos cuidados de su familia la alejaron hacia el tránsito que, aunque en compañía, en definitiva nos toca hacer solos.

Adiós, seguro que ahora gozas de la paz.
(Este paréntesis que cada cual lo llene con lo que le diga el corazón)

5 comentarios:

Novicia Dalila dijo...

Genio y figura, eh???
Es un trozo del libro de la foto? Tiene buena pinta :D
Pues no sé si estará ya en paz, pero seguro que ha vivido muy orgullosa de sí misma por haber hecho y dicho lo que su conciencia y su cuerpo le pedían sin dejarse atar por convencionalismos trasnochados... Esta actitud hoy es la lógica pero hace años (no demasiados) era la excepción.

Un beso, pesol

Pèsol dijo...

Hola Novi, el hecho que describo está en mi "colección" de vivencias personales. Tenía el texto dormido desde que lo escribí poco después de su muerte. Hace unos meses, cuando vi la obra de teatro "Mort de dama" me recordó a ella ya que la protagonista es una dama de familia bien de Mallorca que cuando se siente morir lleva a toda la familia y círculos próximos de culo hasta que efectivamente muere. Aunque con el tema de la muerte de fondo en la obra de teatro te ríes un montón.
Un beso novi

Gemma dijo...

El acto de contricción debe de ser mucho más llevadero con estas reflexivas pesolades :D

Podríamos calafatear la muerte o el ataúd con una serena sonrisa en los labios sino tuviéramos la trascendental e inútil necesidad de inmacular nuestra existencia terrenal con el fin de ser perdurablemente amados en el recuerdo de alguien? la paz eterna parece que dependa de esa última batalla...

El corazón me dice que hay batallas que deberemos ganarlas solos y que tal vez el triunfo es saber rendirse a tiempo, al fin y al cabo que es ese último instante lisiado de perdurabilidad al lado de toda una eternidad... lo que pasa es que la eternidad nos parece demasiado infinita para uno solo...

Vivamos en paz y la constricción será leve.

Un beso querido Pesol.

Pèsol dijo...

Te nos has puesto muy trascendental Gemma, ya se que el texto invita. La memoria de ese alguien solo alarga un poco nuestra inmortalidad... hasta que también perece. No te acabo de entender con lo de calafatear nuestra muerte, ¿estás queriendo decir que nos resultaría más fácil si no tuviéramos el deseo de lo que dejamos?
Soledad final y rendirse a tiempo, sabias palabras.
Lo inabarcable de la eternidad es lo que nos hace inventar la religión que con su liturgia calma nuestros temores.
Vivamos en paz. Un beso.

Gemma dijo...

Sí quería decir que hay que buscar la manera de recomponernos ante lo inevitable Pesol.

Buen final de semana.

A reveure!