Eluana

A pesar de tanto obispo, Papa y cura, Eluana ya ha abandonado el infierno y, si existe el cielo seguro que está en él.
No hay nada que contar de una historia de sobras conocida por todos pero al hilo de ella son muchas las reflexiones y las ideas que han traspasado mi mente estos días.
No entiendo por qué nadie ha de tratar de imponer su moral a los demás.
No entiendo cómo el núcleo de la Iglesia no practica la Caridad.
No entiendo que un análisis teórico ciegue a las personas hasta impedirles ver la realidad.
No entiendo qué clase de políticos y personas son aquellos que, bajo presión, olvidan los principios de convivencia en el que se sustentan las sociedades que gobiernan y se lanzan en una carrera sin sentido para que no se cumpla la ley.

Sin conocer bien a los italianos, gentes más reservadas de lo que su imagen sugiere, pienso que las imágenes que en cada telediario llegaban a nuestras casas eran representativas del ruido mediático más que del sentir de una población en la que padres, madres e hijos habrán hecho suyo el sufrimiento de Eluana y su familia.

Pido a Dios que nos salve de salvadores.

Las sociedades democráticas han de exigir a las religiones y creencias que sus particulares morales sean éticas.
La primera vez que oí está afirmación golpeó fuerte en mi cerebro y comprendí de inmediato que la tolerancia tiene unos límites impuestos por la ética.

La ética es una herramienta de análisis racional de las decisiones sobre situaciones en las que interactúan las personas.

La rama de la ética aplicada al estudio de los principios orientadores de la conducta humana en el campo biomédico es la bioética (explicaré ahora al lector que no soy ningún experto) El criterio ético fundamental que regula esta disciplina es el respeto al ser humano, a sus derechos inalienables, a su bien verdadero e integral: la dignidad de la persona.

Para analizar cualquier situación usando la bioética se siguen los cuatro principios definidos por Beauchamp y Childress:

Principio de autonomía (capacidad de decisión)
Respeto a las personas que impone la obligación de asegurar las condiciones necesarias para que actúen de forma autónoma. El consentimiento informado es la máxima expresión de este principio de autonomía. Eluana no era autónoma, en estos casos de autonomía limitada o nula es donde adquiere una importancia capital el “testamento vital” que puedes hacer ante testigos o, mejor ante notario, en previsión de cosas en las que nunca queremos pensar cuando estamos bien. En la página de la Generalitat de Catalunya se puede encontrar una guia informativa y un modelo de documento

Principio de beneficencia
Procurar el máximo de beneficio para el paciente. Las decisiones de los médicos nunca han de prevalecer sobre el principio anterior. También pueden existir conflictos con el principio de justicia que se describe más abajo.

Principio de no-maleficencia (Primum non nocere)
Lo primero es no hacer daño. El análisis de este principio va de la mano con el de beneficencia, para que prevalezca el beneficio sobre el perjuicio.

Principio de justicia
Tratar a cada uno como corresponda con la finalidad de disminuir las situaciones de desigualdad. El principio de justicia lo podemos desdoblar en dos: un principio formal (tratar igual a los iguales y desigual a los desiguales) y un principio material (determinar las características relevantes para la distribución de los recursos sanitarios: necesidades personales, mérito, capacidad económica, esfuerzo personal, etc.)

En el análisis del caso de Eluana en el que ella no tiene autonomía, la familia es la que ha de tomar esas decisiones tan difíciles y dolorosas. En cuanto a beneficio y no-maleficencia en este caso está claro que, decidido quien toma la decisión es perfectamente aceptable y comprensible que tras años de coma irreversible pueda pensarse que los daños de mantener artificialmente una vida superan con creces al inexistente beneficio. Y esta decisión de la familia corroborada por la justicia italiana no tiene porque ser cuestionada ni obstaculizada por nada ni nadie, señor Berlusconi y señor Papa.

No necesitamos debates acalorados bajo los focos y las cámaras pero sí que estamos urgidos de un debate abierto de la eutanasia en nuestra sociedad. Eutanasia “sólo” significa buena muerte.

Creo que los que han tildado a la muerte de Eluana como de “asesinato abominable” habrían de ir a confesar su pecado para que Dios les perdone. Pero dudo que la contrición y el propósito de enmienda pase por mentes que tan obtusas se han mostrado.

Ahora que ya ha pasado todo, Eluana, quiero enviarte mi cariño a ti y a tus padres; estoy seguro de que a través de la red de redes (que no llegaste a conocer) te llegará, allá donde estés, mi calor y el de tantos y tantos que estamos dolidos con tu tragedia.

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